Ignacio Ferrando: “La monstruosidad es parte del ser humano y por tanto del artista”

 

Imagen superior: performance “Miroir de l’origine” copyright Deborah de Robertis

En los tiempos de la modernidad líquida, del postureo en redes sociales, del revisionismo en el arte y la corrección política, Ignacio Ferrando (Trubia, 1972) se atreve a abordar en Referencial, su quinta novela, temas tan peliagudos como el de la identidad, el deseo de ser otros o el complejo debate sobre si separar o no al artista de su obra. Cuenta Ferrando que la idea del libro se le ocurrió visitando una retrospectiva de Egon Schiele en la Fundación Juan March. Mientras se preguntaba si aquellas pinturas de mujeres delgadas, de aspecto casi enfermizo, eran de verdad obras de arte, llegó un padre con su hija de seis o siete años: “Me di cuenta de que todas mis dudas eran morales, sin embargo aquella niña observaba los cuadros de manera distinta, en un estado de virginidad intelectual, porque no lo hacía con el bagaje o el peso de haber tenido una vida previa. En la obra artística la mirada del espectador es la que dota de un sentido último al lienzo”.

Ignacio_Ferrando_Referencial
Ignacio Ferrando. Fotografía: Ático 21

¿Está entonces el pecado en los ojos de quién mira y no en la obra? Probablemente esté en las dos partes, porque una obra está concebida como una comunicación bidireccional con el espectador. Nos incomodan ciertos autores porque son un reflejo de nuestra propia perversión, por lo que hay de ellos en nosotros mismos.

¿Y qué hacemos con esos genios que en su vida privada pudieron ser monstruos como Balthaus, Roman Polanski o Michael Jackson? No separar al artista de la obra nos llevaría a la paradoja de que el arte sea solo una replica de personas con buenas intenciones. Que el nazismo existió no lo puede negar nadie, que había gente que pensaba de una manera nacional católica tampoco se puede negar y esto forma parte de la literatura. Tratar de silenciar a estos autores e ir solo a aquellos que nos son afines o no plantean dilemas morales de esta catadura es un gran error. Si la literatura tiene una misión es precisamente la de ensanchar los límites de nuestro mundo. La mayoría de los autores que mencionas no reflejan esto en su obra, pero si lo hicieran creo que no sería un problema. Saber cómo piensan es importante para poder estar prevenidos, porque la monstruosidad es parte del ser humano y por tanto del artista.

¿Cree que el revisionismo en el arte nos está llevando al puritanismo, como critican desde algunos sectores, o interpretar la historia desde otras perspectivas es necesario? Depende. La revisión de género, por ejemplo, tiene cosas muy buenas como tratar de rescatar aquello que fue injustamente olvidado en su tiempo. Lo que no tiene sentido y nos convierte en rehenes de cierto puritanismo es intentar cambiar la historia. El arte del siglo XVI o la literatura del siglo XVII son los que son y hay que entenderlos dentro del contexto de su época.

¿A qué se refiere Ismael, el protagonista de la novela, cuando dice que toda obra forma parte de un tejido referencial? Al principio, cuando el artista empieza a crear, tiene la tentación de creer que hace tabula rasa de todo lo que ha sido el arte previo, pero conforme empiezas a trabajar te das cuenta de todo lo que haces, incluso aquello con vocación más transgresora no deja de ser una repetición. En la novela se establece esta idea: el protagonista lucha por romper con la referencialidad y encontrar la manera de ser original.

¿Y aún se puede ser original en el arte? No lo sé. Es una pregunta que no me atrevería a responder. En la novela se plantea esta cuestión y seguramente en el modo de plantearla hay parte de la respuesta, pero está en cada uno. Desde luego la tentativa de ser original es lo que diferencia al verdadero artista del mero imitador.

En un pasaje de Referencial se afirma que el tiempo medio de contemplación de una obra de arte son veintiocho segundos, ¿es esto cierto? Es una ficción, aunque surge de una anécdota real. Un día que estaba bloqueado y no podía escribir, fui al Museo Reina Sofia y estuve observando a los observadores que paseaban por la sala de Marcel Duchamp. Unos se paraban frente a las obras un minuto, otros apenas se detenían, pero el tiempo medio de contemplación eran esos veintiocho segundos. Lo que no cuento en la novela pero es muy sintomático de cómo se siente el espectador de este tipo de obras es que, de los veintiocho segundos, veintiuno los pasaban leyendo la placa identificativa que acompañaba a los cuadros y viendo qué había querido contar el autor. El observador se siente deslegitimado para emitir un juicio propio y confía más en lo que otros le cuentan.

¿Quizá porque no terminan de creer que un inodoro pueda ser una obra de arte? Duchamp no afirma que eso sea arte, él está buscando la reflexión en el espectador y diciéndole que hay un elemento, que es la circunstancialidad, el lugar de exposición dónde se coloca la obra, que define lo qué es o no es arte. Está provocando al observador.

¿El arte tiene que ser siempre provocador? Creo que sí. Tiene que tener la aspiración de querer contar algo y muchas veces eso está relacionado con la provocación, no como un simple ejercicio de escandalizar, sino como un mecanismo de reflexión para el espectador: llevar las cosas al extremo para que este se plantee determinados dilemas morales.

¿Cuáles son las referencias de Ignacio Ferrando? En esta novela hay muchas, desde las que se mencionan explícitamente como Jorge Luis Borges y su relato El otro, donde el personaje se encuentra consigo mismo años después, hasta otras referencias más veladas pero para mí más directas: ciertas novelas de finales del siglo XX y principios del XXI como Satin Island de Tom McCarthy o Cosmos de Witold Gombrowicz en las que una vez perdida la fe, el mundo de la religión tal y como lo conocíamos, el individuo empieza a buscar, no ya un dios, sino una causa que justifique el porqué estamos aquí.

Referencial, un thriller moral construido en tres planos que gira en torno al arte, la identidad y la vida, se ha convertido en poco tiempo en la novela más vendida de su autor y no deja de cosecha elogios por parte de la crítica especializada. En otoño dará su salto al mercado internacional en la Feria del Libro de Fráncfort.

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