Juego de tronos ¿una oportunidad perdida para las mujeres?

Juego de tronos es más que una serie, es un fenómeno mediático que ha conquistado a millones de espectadores de todo el mundo. La clave de su éxito, más allá de lo evidente (un presupuesto desorbitado que roza los quince millones de euros por capítulo), ha sido siempre su capacidad de sorprender a un público tan acostumbrado a devorar series que a estas alturas de la película ya creía haberlo visto todo. Sin embargo, la muerte de Ned Stark, en el capítulo nueve, fue solo el primero de los muchos giros de guión con los que GoT ha desafiado toda lógica narrativa y ha logrado mantenernos pegados a la pantalla durante ocho temporadas. Algunas pensamos que también se atrevería a romper con la lógica patriarcal que ve en las mujeres con poder un binomio peligroso, pero tras lo ocurrido en el último capítulo me temo que nos vamos a quedar con las ganas…

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Fotograma de Maria Antonieta, dirigida por Sofia Coppola en 2006

Durante generaciones se nos ha enseñado que el espacio público, el de la política y el poder, es el territorio natural de los hombres y el privado, de las puertas de palacio para dentro, el de las mujeres. Ulises partía en busca de aventuras, mientras Penélope le esperaba tejiendo en Ítaca. Los mitos clásicos y los cuentos de hadas han ayudado a perpetuar este status quo. Las que osaban desafiar la autoridad masculina eran brujas, arpías, sirenas, medusas… personajes malvados que sembraban el caos en medio un orden patriarcal justo y sensato. La rebeldía les salía cara y solo se libraban del castigo aquellas redimidas por el amor de un hombre (los penes y su poder mágico para hacernos entrar en razón merecerían un post aparte). La historia, en esto, no se ha diferenciado mucho de la literatura. Desde Cleopatra a Angela Merkel las mujeres con autoridad siempre ha sido vistas con recelo, cuando no se las ha tachado de putas o locas. Tenemos el ejemplo de Isabel la Católica, a quien la sombra de la Inquisición aún persigue mientras se obvian algunos de sus mayores méritos políticos, como haber decretado una orden contra la esclavitud tres siglos antes de que lo hiciera Abraham Lincoln o promulgar las Leyes de las Indias, antecesoras directas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Nunca sabremos cuánto hay de verdad y cuánto de machismo en la leyenda negra de aristócratas como María Antonieta, la princesa de Éboli o Lady Bathory tachadas de frívolas, conspiradoras o sangrientas.

Hubo un momento en el que los personajes femeninos de GoT parecían dominar la trama: Cersei se sentaba en el Trono de Hierro, Samsa estaba al frente de Invernalia, su hermana, Arya, mataba enemigos cual Juana de Arco mientras Danerys de la tormenta avanzaba con su ejército desde Poniente. El espejismo feminista no nos dejaba ver la triste realidad: tras los guiones de Juego de Tronos apenas hay mujeres. La saga está escrita por George R.R. Martin y adaptada a la televisión por otros dos hombres: David Benioff y D.B. Weiss, desde la cuarta temporada no hay ni un solo nombre femenino en los créditos que ocupe un puesto relevante fuera del departamento de producción. Un desequilibrio que ha terminado reflejándose en la pantalla. La khalessi era el personaje con más opciones de gobernar los Siete Reinos, pero en esta última temporada los guionistas se han empeñado en volverla loca de un día para otro, allanando el camino al trono al que consideran el verdadero héroe: Jon Nieve. Un tío carente de ambición que de no ser por las mujeres llevaría muerto desde el principio de la saga. Un tío al que su hermana pequeña le hace el trabajo sucio mientras él recibe palmaditas en la espalda. Un tío que no quiso ser Lord Comandante, ni rey en el Norte, ni aspirante al trono pero que ha logrado todo eso sin esfuerzo precisamente por ser un tío. Lo dijo Varys: tener verga importa y esa máxima vale tanto para una entrevista de trabajo como para unas elecciones a la Casa Blanca, que se lo pregunten sino a Hillary Clinton.

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Los CEOs de HBO en 2012

Las ficciones son importante porque al final nuestra imaginario colectivo está tan influido por las películas de Hollywood como por los libros de historia y si en unas perpetuamos los estereotipos de género, en los otros se seguirán reproduciendo las mismas desigualdades de siempre. Juego de Tronos le ha fallado a cientos de niñas llamadas Khaleesi y a toda una generación de mujeres que también luchamos por romper las cadenas invisibles del patriarcado. Podrían haber hecho historia apostando por el feminismo pero me temo que la serie empezó con un rey mediocre sentado en el trono y terminará con otro, ¿para qué arriesgar? Después de todo los principales directivos de HBO también son hombres…

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