Este 8 de Marzo estoy decepcionada

El 8 de Marzo del año pasado estaba muy emocionada porque parecía que por primera vez en este país eternamente dividido entre izquierda y derecha, nacionales y republicanos, nacionalistas y constitucionalistas dejábamos atrás nuestras diferencias y una gran mayoría, al menos de mujeres, nos uníamos para luchar por una causa que considerábamos justa. El caso de la Manada puso el problema de la violencia sexual sobre la mesa y si hay un tema que afecta a todas las mujeres del mundo independientemente de su raza, de su clase social o de a quién voten es ese, porque todas sabemos lo que es pasar miedo cuando caminamos solas por una calle oscura. Mi madre me recordaba que corría peligro cada vez que me decía “ten cuidado” antes de salir de casa, no hacía falta que añadiera “te pueden violar”, porque ya me lo corroboraba el tío que se hacía una paja en su coche mientras nos veía a mi amiga y a mí camino del instituto o el que me lanzaba una mirada lasciva en el metro o los informativos de televisión, cada vez que aparecía una chica asesinada en un descampado. Había muchas más reivindicaciones, todas igual de importantes, pero la gota que colmó el vaso de nuestra paciencia y desbordó las calles el 8 de Marzo de 2018 fue sobre todo la violencia sexual.

Este año, en lugar de esa unión, lo que veo es un autobús con la palabra feminazi recorriendo las calles de España. Me fastidia, aunque en el fondo no me sorprende porque Schopenhauer ya nos lo advirtió cuando dijo aquello de que toda verdad pasa por tres fases y la primera es ridiculizarla. Lo que me empieza a preocupar es la segunda fase de la que hablaba el filósofo: la de la violenta oposición. Es una decepción ver tantas publicaciones y comentarios en contra del feminismo estos días, algunos de hombres pero, para mi sorpresa otros muchos escritos o compartidos en las redes sociales por mujeres. Las ideas que más se repiten son tres:

  1. Hay unas feministas buenas que son las de antes y unas feministas malas que son las de ahora, a las que califican de radicales.
  2. En España ya vivimos en igualdad porque tenemos todos los derechos conseguidos desde hace años, así que no tiene sentido hacer huelga o salir hoy a manifestarse.
  3. Las que deberían protestar son las que llevan burka, las que viven en dictaduras o en países del tercer mundo, ellas sí que están oprimidas y de eso no decimos nada.

Lo primero que me sale es contestar uno a uno a estos mensajes para desmontar sus argumentos. ¿Cómo es posible que a estas alturas tantas personas todavía no sepan qué es el feminismo? Entonces me doy cuenta de lo complejo que me ha resultado a mí misma entenderlo, del conflicto que me ha supuesto descubrir que muchas de las enseñanzas de mis padres, de mis profesores y de aquellos a los que yo consideraba mis modelos de conducta estaban equivocadas, del vacío que sentí cuando tuve que deshacerme de buena parte de las creencias en las que vivía cómodamente asentada. Solo después de leer muchos libros, de escuchar a decenas de activistas, de dedicarle horas y horas de reflexión crítica empiezo a entender un poco qué es el feminismo y sobre todo qué no lo es. No es un eslogan, no es una frase en la camiseta de unos grandes almacenes, no es un lacito morado en la solapa de un político, no es una definición de dos líneas en el diccionario y sobre todo no es, como se encarga de recordarnos siempre Lidia Falcón, una fiesta. Es un pensamiento filosófico, una teoría política y económica, un movimiento social con una doble dimensión: pública y privada y una lucha, que como toda lucha también se ha cobrado vidas aunque en este caso solo de un bando. La de Hipatia de Alejandria, violada, torturada y asesinada por fanáticos religiosos, la de Olimpia de Gouges, guillotinada por sus propios compañeros revolucionarios, la de Indira Gandhi muerta a manos de sus guardias, la de Sandra Cabrera asesinado de un tiro en la nuca, la de Marielle Franco, política brasileña acribillada a balazos… Podría llenar páginas con ejemplos de mujeres víctimas del machismo que han pagado con su vida la defensa de la igualdad de género y reto a los que se sienten tan atacados por el feminismo a que me den un solo nombre de alguien asesinado a manos de este movimiento pacífico que jamás se ha alzado en armas contra nadie.

En cuanto al supuesto radicalismo de las nuevas feminista cabe recordar que las mujeres de antes defendían una lucha mucho más extrema que las de ahora. Las sufragistas del XIX quemaron buzones, rompieron cristales, se pusieron en huelga de hambre y una hasta se arrojó a los pies del caballo del rey Jorge V en medio de una carrera, muriendo delante de todos los espectadores del hipódromo. El término radical, tan denostado hoy día, se empezó a utilizar a finales de los 60 por mujeres que se definían a sí mismas como feministas radicales, así que lo empleáis mal al usarlo como insulto hacia las feministas de ahora, muchas de las cuales también somos radicales, no por sostener ideas extremas, sino por buscar la raíz del problema e insistir en que lo personal es político.

ams-apoya-huelga-feminista-2019-id.png

A todos aquellos hombres que aún repiten que el feminismo quiere quitarles derechos les recuerdo que gracias a las reivindicaciones de las feministas el gobierno acaba de aprobar una ley que amplía su baja por paternidad. Históricamente las feministas también han luchado al lado de los hombres negros y de los homosexuales y por supuesto de las mujeres de todo el mundo. Así que hoy voy a apoyar la huelga y a defender la igualdad de oportunidades de las españolas, que siguen cobrando un 23% menos, ocupando peores trabajos, cargando con las tareas de cuidado de dependientes, ancianos y niños, viviendo con miedo porque en este país se cometen más de cuatro violaciones al día y sesenta asesinatos machistas al año. También me manifestaré por mis compañeras argentinas que aún no han conseguido el derecho al aborto, por las mujeres nigerianas y rumanas que tienen que estar en las rotondas de nuestros polígonos chupando pollas por 15€, por las niñas africanas a las que les mutilan el clítoris, por los gays a los que Putin encierra en campos de concentración de Chechenia, por las yemeníes obligadas a casarse antes de los 15 años con hombres que les triplican la edad, por las iraníes que no pueden quitarse el velo en público y por todas las mujeres que en el siglo XXI aún sufren de un modo u otro la lacra del machismo.

Toda verdad, concluía Schopenhauer, atraviesa una última fase: ser aceptada como algo evidente. Ahora nos parece evidente que las mujeres puedan estudiar, votar o divorciarse, todos logros conseguidos por el feminismo que sigue siendo necesario porque aún queda mucho por hacer, por lo que hoy voy a salir a la calle a luchar por ello y a manifestarme contra esos políticos que en vez de darnos más derechos tratan de esquilmarnos los que ya tenemos, contra los maltratadores, los proxenetas, los tratantes, los violadores, los que usan los medios de comunicación para crean confusión y lanzar mensajes de odio, contra los que, en definitiva, nos están impidiendo que esa igualdad, que legalmente ya hemos conquistado, no termine nunca de hacerse efectiva.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: