Edie Sedgwick, la musa que fascinó a Warhol

Mucho antes de que existiera Instagram y se acuñara el término influencer, cuando Alexa Chung, Olivia Palermo o Dulceida ni siquiera habían nacido, ya había una it girl que dominaba el fino arte de la fama por la fama, ese reservado a unos pocos elegidos que, pese a no tener ningún talento especial, logran el favor del público gracias a su fotogenia y encanto. En Wikipedia definen a Edie Sedgwick como modelo y actriz, pero su verdadera profesión fue la de musa. Dicen que inspiró el disco Blonde to blonde de Bob Dylan y la canción Femme fatale de la Velvet Underground aunque sus quince minutos de fama los alcanzó gracias a Andy Warhol, quien la convirtió en una de las superestrellas de su Factory y luego la condenó al olvido, pero empecemos esta historia por el principio.

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Edith Minturn Sedgwick fue la séptima hija y la más mimada de un rico matrimonio de Massachussets, tan acaudalado como disfuncional. En la familia Sedgwick, como en las tragedias griegas, había todo tipo de conflictos: alcoholismo, suicidios, incestos… En alguna ocasión Edie insinuó que su padre había intentado acostarse con ella desde que era niña, sufrió bulimia en la adolescencia y con 19 años su madre la ingresó en un psiquiátrico. Así que en cuanto pudo puso tierra de por medio y se marchó a Nueva York, donde su abuela tenía un lujoso ático en Park Avenue. La recién llegaba jamás viajaba en transporte público, iba a todas partes en limusina y gastaba miles de dólares en maquillaje y ropa. Su principal ocupación era ir de fiesta en fiesta, donde nunca pasaba desapercibida. En uno de aquellos saraos llamó la atención de Andy Warhol, quien se quedó tan fascinado con ella que le propuso ser la protagonista de su próxima película. Algunos de los presentes describieron aquel momento como un flechazo. Según Truman Capote, Edie era todo lo que a Warhol le hubiera gustado ser “una encantadora y aristócrata debutante de Boston“. El autor de A sangre fría conoció al de Pittsburgh cuando este era un simple escaparatista que le escribía cartas a diario y se apostaba frente a su edificio solo para verlo pasar: “parecía uno de esos desesperados a los que sabes que nunca les pasará nada. Era un perdedor sin esperanza“. Capote subestimó a su joven admirador quien, pese a su timidez compulsiva, terminaría convirtiéndose en un genio de la autopromoción y el marketing.

edie y lou reed
Edie Sedgwick junto a Lou Reed y otros miembros de la Velvet

El tanden Sedgwick-Warhol se hizo inseparable hasta el punto transmutar: ambos vestían camisetas a rayas y ella se cortó la melena imitando las famosas pelucas del artista. Juntos rodaron varias cintas experimentales que apenas tuvieron repercusión. Norman Mailer calificó una de ellas, Kitchen, como “algo horroroso de ver. Captaba la esencia del aburrimiento de cualquier día muerto en la ciudad, cuando todo está imbuido de olor a ropa húmeda y desagüe”, una definición que podría hacerse extensible a casi cualquier película de Warhol. Sin embargo la popularidad de Edie iba en ascenso. La revista Life la bautizó como la chica de los leotardos negros, Vogue le dedicó varios reportajes de moda y el manager de Dylan la fichó para protagonizar una película que nunca se llegó a rodar. Dicen que ella estaba muy enamorada del cantante pero Dylan siempre negó que fueran pareja y se casó en secreto con Sara Lownds, lo que afectó mucho a Edie. Para entonces ya se había convertido en “una joven y saludable adicta”, como ella misma se definió. Tomaba anfetaminas nada más levantarse y pagaba a un médico privado para que le inyectara heroína, pues no se atrevía a chutarse sola. Para conciliar el sueño necesitaba tomar barbitúricos y acabó provocando dos incendios, uno de ellos en el mítico Chelsea Hotel, por quedarse dormida con el cigarro en la mano. A esas alturas ya se había ganado una merecida fama de problemática y había dilapidado casi toda su herencia. Warhol, siempre ávido de gente nueva a la que vampirizar, la sustituyó por Nico, otra rubia hipnótica cuya historia ha dado de comer a muchos biógrafos.

ciao manhattan
Edie en un fotograma de Ciao! Manhattan

Los últimos años de su vida se los pasó entrando y saliendo de hospitales, “desesperada y triste como un animal enjaulado”, según cuenta un amigo. Entre medias tuvo tiempo de rodar Ciao! Manhattan una paranoia que retrata todos los excesos de aquella época irrepetible que fueron los años 60 y que acabaría convirtiéndose en su testamento cinematográfico. Murió joven, con 28 años y dejó un bonito cadáver al que millones de mitómanos del mundo entero seguimos venerando pues, como dijo Patty Smith, Edie era una de esas personas a las que no tienes intención de parecerte pero te gusta que existan para poder mirarlas.

Referencias bibliográficas:

Stein, Jean (2006). Edie. Barcelona. Circe

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