El despertar feminista: de la muerte de Diana Quer al vestido de la Pedroche

Twitter, ese termómetro de la actualidad que mide nuestras pulsiones a golpe de hashtag, terminó 2017 con dos nombres de mujer en la lista de trending topics: Diana Quer y Cristina Pedroche. La primera por una noticia muy triste: el hallazgo de su cadáver tras casi 500 días desaparecida, la detención de su asesino se precipitó porque había intentado secuestrar a otra chica esa misma semana. La segunda por algo mucho más frívolo: el vestido que lució la presentadora durante las campanadas, que ya se ha convertido en un clásico de la Navidad capaz de congregar frente a la televisión a casi tantos espectadores como una final del Real Madrid-Barcelona. A priori puede parecer que ambos temas no tienen ninguna relación y sin embargo están íntimamente ligados a la imagen rancia que los medios de comunicación siguen proyectando de las mujeres en pleno siglo XXI y a su destacado poder de influencia sobre el inconsciente colectivo.

La desaparición de Diana Quer en agosto de 2016 parecía a todas luces otro caso de violación con desenlace trágico: chica que vuelve sola a casa de noche y se cruza en su camino con un depredador sexual. No hacía falta ser criminólogo, ni vidente para predecir que se trataba de un feminicidio, le había pasado lo mismo que a las niñas de Alcaser, a Eva Blanco, a Rocío Wanninkhof, a Sonia Carabantes, a Sandra Palo, a Marta del Castillo y a tantas otras cuyos nombres ahora no consigo recordar de memoria porque han sido demasiadas. Pese a las evidencias, en la prensa y, sobre todo, en las tertulias de televisión se airearon los trapos sucios de Diana y su familia como si hubiera una relación causa-efecto entre estos y su desaparición: que si tenía amistades peligrosas, que si fumaba porros, que si mantenía una relación conflictiva con su hermana y sobre todo con su madre, a la que poco menos que se tachó de sospechosa en algunos titulares de periódicos serios. La realidad es que ser hija de padres divorciados o tontear con las drogas blandas, como han hecho la mayoría de los adolescentes durante generaciones, no son factores de riesgo en los casos de asesinato, ser mujer, por desgracia, sí. Diana tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino con una tal José Enrique Abuín Gey, como antes de ella otras la tuvieron de encontrarse con Tony King, Antonio Anglés o Ángel Antonio Ortiz, esos hombres a los que la opinión pública tacha de locos aunque ningún facultativo les haya diagnosticado una enfermedad mental más allá de esa dolencia crónica que todos padecemos llamada patriarcado.

Pedroche 2017

Y mientras la Nochevieja se agriaba para siempre en casa de los Quer, el resto nos tragamos la indignación junto a las doce uvas, dispuestos a empezar el año al ritmo de las tradicionales campanadas que, ayer a medianoche, retransmitían prácticamente todos los canales de televisión. En la mayoría, el fin de la violencia machista se esgrimió  como el principal deseo de 2018, Cristina Pedroche fue un poco más lejos y, además de mencionar a Diana, pidió que se acabara con “los juicios sobre nuestros cuerpos” porque “no solo duelen los golpes. Valemos muchísimo y nos merecemos todo el respeto”. Era una reivindicación justa pero paradójica teniendo en cuenta que todo el show de Antena 3 giraba en torno al morbo de verla semidesnuda, con un mono estratégicamente oculto tras metros de tela roja abotonada hasta el cuello de los que la presentadora se deshizo en el momento oportuno. El espectáculo de la Pedroche dice mucho de ella como mujer y muy poco de nosotros como sociedad. Cristina, con sus transparencias, volvió a demostrar dos cosas: que tiene una genética envidiable y que es muy lista pese a que ayer interpretara de nuevo el papel de guapa tonta, soltando a cámara risitas infantiles y chistes malos. En televisión, como en publicidad, la máxima que hablen de ti, aunque sea mal siempre funciona y ella ha sabido aprovechar la polémica a su favor, consciente de que su sueldo iba a ser inversamente proporcional a la tela de su vestido desde que en 2015 Atresmedia se diera cuenta del filón que suponía enseñar un tanga en prime time y al año siguiente la ascendiera de la Sexta a Antena 3. Así que el problema no es de ella, ojalá, como pidió, en un futuro no se juzgue a nadie por su ropa, el problema es nuestro como país cuando más de dos millones de personas están pendientes del televisor para ver si una mujer enseña carne, lo que nos retrotrae, sin darnos cuenta, de la España de 2018 al Telecinco de los 90 con sus famosas Mama Chicho o incluso a la Transición del destape, si me apuran.

Alguna periodista, mujer, ha dejado caer hoy que lo de la Pedroche fue un acto reivindicativo y feminista, claro que también hay quien dice que dedicarse a la prostitución por voluntad propia empodera, pero la realidad es que es muy difícil vencer al patriarcado con sus propias reglas. La única forma de subvertirlo es dejar de seguirle el juego: basta ya de hipersexualizar a presentadoras y actrices en los medios de comunicación, no más juicios paralelos a las víctimas en las redes sociales, tolerancia cero hacia la violencia institucional que todavía se ejerce contra las mujeres cada vez que se desvaloriza su testimonio en un juicio o se nos menosprecia desde el ámbito político y por supuesto un compromiso serio entre el gobierno y los agentes sociales para acabar de una vez con la dichosa brecha salarial que aún seguimos padeciendo. En 2017 ha quedado patente que el mundo está cambiando. Durante la manifestación en Madrid del 25 de noviembre, la Puerta del Sol se llenó incluso más que en Nochevieja de mujeres adultas, pero también de chicas muy jóvenes y de hombres que habían perdido el miedo a la palabra feminismo y avanzaban juntos (es un decir, porque con tanta gente no había quién se moviera) en pos de la igualdad. Espero que 2018 sea el último año en el que malgastamos el tiempo con debates estériles sobre el estilismo de una presentadora y llenemos, no solo la Puerta del Sol, sino todas las plazas de España para luchar contra el machismo, ese que también ha matado a Diana Quer aunque su nombre no se contabilice en las listas oficiales.

2 comentarios sobre “El despertar feminista: de la muerte de Diana Quer al vestido de la Pedroche

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  1. Totalmente de acuerdo. Con todo, el feminismo es la única revolución que ha triunfado y que nos permite, por ejemplo, estar hablando de estas cosas en vez de que formen parte del paisaje. A ver qué nos depara el 2018.

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