La cara y la cruz del cine X: Rocco y Hot Girls Wanted

El año pasado se estrenó en Netflix un documental sobre Rocco Siffredi, el mayor mito masculino del cine para adultos, con permiso de John Holmes. A diferencia del estadounidense, que acabó sus días prostituyéndose para comprar drogas y murió fulminado por el SIDA antes de cumplir los cuarenta y cinco (su biografía inspiró películas como Boogie Nights o Wonderland), el italiano ha conseguido labrarse una carrera profesional dentro del porno llevando una vida privada bastante discreta. En Rocco (2016) le vemos acostándose con actrices veinteañeras, a las que somete y golpea en escenas de sexo extremo para, en el siguiente plano, aparecer con su familia ejerciendo de marido cariñoso y padre responsable, algo imposible de compaginar sin una esposa indulgente: “No soy celosa —confiesa la susodicha, Rozsa Tassi—. La mayoría de las mujeres no saben dónde está su marido cuando se va a trabajar. Yo siempre sé dónde está el mío”. El suyo ha estado las últimas tres décadas grabando dos escenas de sexo por día, seis días a la semana, lo que da un total de más de 1.500 películas. Si cualquier rodaje convencional ya está plagado de problemas y anécdotas, imagínense la de historias y dramas que habrá vivido el actor en una industria tan compleja como la del cine para adultos donde la planificación diaria pasa por hacer tomas de penetraciones dobles, fetish, lésbicos o tríos con la misma naturalidad con la que otros planean rodar un plano secuencia. Sin embargo Rocco pasa de puntillas por todo esto para centrarse en la figura de su protagonista, quien se presenta a los espectadores con una frase que podría dar título a cualquiera de sus cintas: “Tengo el diablo entre la piernas”. Siffredi justifica así una adicción al sexo que lo llevó, durante su breve retiro del porno, a pagar por la compañía “de prostitutas, viejas, transexuales y cualquier cosa que se moviera”, según sus propias palabras.

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En una delirante escena final de la que, asegura, será la última película de su enésima retirada, el actor carga con una enorme cruz como metáfora del calvario que le supone el exceso de testosterona (perdón por el spoiler para quien aún no haya visto Rocco Sex Analyst, 2017), pero pese al victimismo que exhibe, es evidente que el italiano es un privilegiado dentro de una industria ávida de carne fresca en la que la carrera de los actores y sobre todo, de las actrices, no suele durar más de seis meses. Cuando Siffredi comenzó su trayectoria todavía existían salas de cines X pero la llegada de Internet dinamitó el sector y cambió no solo la forma de consumo, sino también la de producción, abaratando costes y volviéndolo todo mucho más amateur. Hoy día, cualquiera con una cámara de video y conexión a la red puede hacer este tipo de producciones. El documental Hot girls wanted (2015), también de Netflix, es una mirada mucho más realista a este mundillo, competitivo y despiadado, en el que se desarrolla el porno online. A través de una web de anuncios clasificados llamada Craiglist, vemos como las agencias reclutan chicas cada vez más jóvenes (de entre dieciocho y veintiún años) que acuden al reclamo del dinero fácil, con la esperanza de huir de una vida tediosa en la América profunda para viajar hasta Miami. Tras rodar cinco o seis escenas a las semanas durante un par de meses, las jóvenes verán como su caché va bajando hasta que solo las llamen para trabajar en películas “especializadas” con secuencias de sexo oral forzado y violencia física y verbal. La mayoría regresarán a sus casas antes de un año para retomar sus vidas lejos de la pornografía, pero esos vídeos seguirán circulando de forma imparable por la red pudiendo condicionar su futuro.

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Jenna Jameson, una de las pocas estrellas que, como Siffredi, ha trascendido del género para convertirse en un nombre conocido dentro de la cultura popular, lo explica muy bien en su biografía, engañosamente titulada Cómo hacer el amor igual que una estrella del porno: “En el peor de los casos, un director de gonzo llevaba a una chica a una habitación de hotel y filmaba con ella y sus amigos una escena barata en la que ella era humillada en cada orificio posible. La chica regresaba a casa con tres mil dólares, las piernas arqueadas y una imagen espantosa de la industria. Sería su primera y última película, y lamentaría haberla hecho hasta el día de su muerte. En otros casos, la chica trabajaría durante un par de semanas hasta empezar a cobrar apenas setecientos dólares por escena, y luego, finalmente, nadie querría volver a emplearla. De modo que ella aceptaría hacer doble penetración o ingerir el esperma de doce tíos solo para poder seguir trabajando”. Lo que en los noventa Jameson veía como una explotación, en el siglo XXI es la tónica habitual dentro de un negocio mucho más cercano a la prostitución que al glamour del cine.

Decía George Orwell que periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas y eso es exactamente lo que hacen los directores Thierry Demaziere y Alban Teurlai en Rocco, una cinta entretenida y curiosa pero demasiado complacientes con el narcisismo de un personaje que sabe mejor que ellos como dominar la cámara para seducir al espectador. Esperemos que la segunda parte de Hot Girls Wanted, Turned On (2017) convertida en serie documental, muestre una visión más amplia y profunda de los entresijos del porno online, esa industria millonaria que, por desgracia, ya se ha convertido en la principal fuente de educación sexual para la mayoría de los adolescentes (aunque eso, como dirían en Conan, ya es otra historia).

Referencias bibliográficas:

Jameson, Jenna y Strauss, Neil (2005). Cómo hacer el amor como una estrella del porno. Madrid. Ediciones Martinez Roca.

Jacobs, Rodger,  Sager, Mike y Cass, Paley (1998). Wadd: The Life & Times of John C. Holmes. Estados Unidos. The Sager Group.

 

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